Fue uno de los miradores más importantes de CABA: la iglesia de estilo colonial cuya huerta se convirtió en el cementerio más famoso

Entre las calles empedradas y de estilo francés emerge el barrio de la Recoleta, uno de los más elegidos por turistas y amantes de las salidas al aire libre. Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XVIII y de aquellos comienzos resiste la segunda construcción eclesiástica más antigua de la Ciudad, la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.
Su nombre proviene del Convento de los Padres Recoletos, originarios de Francia, miembros de la Orden Franciscana que se estableció en la zona fundando un convento y la iglesia proyectada por los arquitectos jesuitas Bianchi y Prímoli, situada originalmente al borde de las barrancas que caían al Río de la Plata y al arroyo Manso.

Casi 300 años de historia en pie
La iglesia consta de una sola nave con un crucero muy desarrollado, cubierto por bóveda vaída. En su interior, se destaca el retablo mayor de estilo barroco, con la imagen titular en el centro y a sus costados dos santos franciscanos. El altar mayor es una pieza muy singular, con ornamentación inca del Alto Perú, muy ricamente trabajado en plata.
Los altares laterales de la única nave, también son del mismo estilo. La talla de madera de San Pedro de Alcántara es del siglo XVIII y se le atribuye al escultor Alonso Cano, mientras que el Altar de las Reliquias, según la tradición, fue un regalo del rey Carlos III de España. El púlpito es también de factura barroca.
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Respecto al reloj del ingreso a la basílica, fue fabricado por el relojero que tuvo a su cargo el mantenimiento del que está en la Torre de Londres. Joseph y Thomas Windmill, padre e hijo, se habían hecho un nombre en el rubro por sus impecables trabajos. Donde hoy está el cementerio, había hornos ladrilleros donde se fabricaban los que se utilizaron para la construcción de la basílica. Incluso en algunas partes se pueden ver.
Su torre campanario tiene unas vistas que sorprenden, ya que su torre es bajita, pero por su ubicación sobre la barranca, consigue un panorama imponente del barrio.
La historia entre la iglesia y el Gobierno argentino siempre fue tirante. Tan es así que en 1821 surge la ley de la reforma eclesiástica, generando que el gobernador Martín Rodríguez y su Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, expulsaran a los frailes recoletos, teniendo que emigrar a Catamarca y expropiaran sus bienes. Por tal motivo el convento quedó cerrado por años, el solar que había sido su huerta se creó el Cementerio de la Recoleta, donde hoy descansan los restos de las personalidades más importantes del país.

La del Pilar es la segunda iglesia más antigua de Buenos Aires en pie, solo la de San Ignacio de Loyola (1722) la supera. La siguen la de Santa Catalina, San Francisco, San Telmo, La Merced, Santo Domingo, la Catedral Metropolitana y San Juan Bautista.
La París de América
Dejando la etapa colonial y para entender cómo este barrio se convirtió en sinónimo de imponentes construcciones y familias acaudaladas, hay que situarse en la década de 1870, cuando Buenos Aires sufrió la gran epidemia de fiebre amarilla. La población se desconcentró para evitar el contagio y fue por ello por lo que, mientras las clases populares se instalaron en el sursureste de la ciudad, las clases altas lo hicieron allí donde la altura del terreno disminuía la presencia de insectos transmisores de la enfermedad.

Estas familias construyeron en el barrio mansiones y grandes edificios de estilo francés. Hoy en día, algunas de estas edificaciones tradicionales coexisten con construcciones más modernas. Junto con algunos sectores de Retiro y Palermo, Recoleta forma parte de la zona conocida como Barrio Norte, donde viven las personas más acaudaladas.